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OTROS MODELOS AMOROSOS Y ERÓTICOS

CHARO ALTABLE VICARIO

PEDAGOGA, EDUCADORA SEXUAL, EXPERTA EN COEDUCACIÓN Y TERAPEUTA EN PSICOANÁLISIS

1. Introducción
La relación amorosa es la relación donde pueden darse todas las emociones más constructivas y gratificantes del ser humano. Es también, en el desamor, donde se dan las emociones y los hechos más destructivos; la dependencia, la compasión malsana y la posibilidad de soportar “por amor”
los malos tratos y la denigración como persona.
Las mujeres que concedemos tanta importancia al amor, porque es fuente, sin duda, de los mayores placeres y desastres, debemos saber amar sin fusión ni dependencia. Amar y ser libres es un gran reto para todas las adolescentes y también para todas las mujeres adultas.
¿Cómo enseñar entonces otras formas de amar? Porque el amor no es compasión, en el sentido paternalista de compasión, es decir, hacerse cargo de la otra persona en lugar de darle su responsabilidad.
El amor no es un sino ni un destino, sinónimo de matrimonio o encuentro con la media naranja. No es dolor, posesión o fantasía.
¿Qué es el amor? El amor no es ninguna esencia o tan sólo un sentimiento sino una práctica de relación, un vínculo de empatía que lleva a compartir, expresar y solidarizarnos con la otra persona y a la vez con nuestro yo más profundo, a escuchar nuestro deseo más profundo y el deseo de las otras personas. Pero para poder alcanzar y practicar este tipo de amor hace falta verlo en el resto, mirarlo, aprenderlo y practicarlo. ¿Y dónde practicarlo? ¿Puede hacer algo la escuela?
Las personas que trabajamos con adolescentes sabemos que muchos de los problemas de relación y de violencia que observamos en la sociedad se prefiguran ya en la adolescencia.
Narraré brevemente el caso de una adolescente; Carmen, nombre, por supuesto, figurado.
Carmen es una alumna de 2º curso de la ESO. Tiene 15 años y su novio 19.
Carmen se muestra casi siempre nerviosa y ansiosa, habla velozmente y muchas veces expresa tristeza en su rostro.
Le pregunto qué le pasa. Me dice que el médico le ha dado pastillas porque tiene depresión y ansiedad. Le pregunto por sus relaciones, si tiene novio y qué tal le va. Me
responde que tiene problemas, que su novio la controla, que no tiene amistades, que ha dejado de salir con sus amigas y amigos, que su novio le habla mal de sus amigas y que a todas horas quiere saber donde está y lo que hace. Además es celoso por nada y ya no sabe quién es ella.
Este es un caso típico de malos tratos. Cumple todas las condiciones, control, celos, aislamiento, depresión…Esta chica necesita reforzar sus vínculos de amistad, recuperar su autoestima y confianza. Necesita el apoyo de otras mujeres que la estimen y confíen en ella, que la ayuden a poner su energía y su deseo en otros seres, que encuentre el amor a sí misma y que otras mujeres la amen, que ame su propio cuerpo y que escuche sus sentimientos y sus deseos. Sólo esto la puede preservar de la violencia del otro.


2. Escuchar las emociones
Cuando una emoción nos arrebata, sea de angustia o de rabia, de amor exaltado o de celos ¿cómo encontrar el silencio, la palabra y la mirada que nos cambie y que nos devuelva a nuestro ser? Necesitamos, sin ningún género de dudas, la guía de otra mujer más sabia, o de otro hombre, en el caso de los varones, que haya pasado y atravesado el laberinto en el que en ese momento estamos. Necesitamos una mujer en quien poder confiar y a la vez que confíe en nosotras.
Necesitamos un colectivo, donde la palabra y la experiencia de cada mujer sea escuchada y tenida en cuenta, un grupo de mujeres que nos guíen y nos ayuden en la búsqueda y encuentro de nuestras propias palabras, encarnadas en nuestro cuerpo, ese que no es tan sólo una máquina emocional sino cuerpo con corazón respirado, preguntado y, por ello, vuelto reflexivo. Estas palabras las encontramos en las relaciones de “a dos” que establecemos las mujeres y en las relaciones de grupo, donde es necesario saber escuchar y saber preguntar, relaciones entre mujeres que nos devuelven a la conciencia de la construcción social e individual del yo, género femenino, espacios compartidos donde aprendemos cómo esos modelos de amor han sido construidos en uncuerpo de mujer.

 

 

Grupo, pues, como punto de palanca de una nueva conciencia para el mundo.
Desde aquí propongo los grupos de mujeres y grupos de hombres, de chicas y chicos adolescentes, por separado, para la adquisición de esta nueva conciencia, no dada en las palabras que construyen las otras personas sino en las propias palabras encarnadas en los cuerpos de cada cual, mujer u hombre. Porque tanto hombres como mujeres recibimos, en la sociedad en la que nacemos, los discursos dominantes sobre el amor, que son discursos androcéntricos creados por los hombres que han dominado el mundo a lo largo de la historia. Hubo, sin embargo, otros discursos sobre el amor, realizados fundamentalmente por mujeres, que será necesario desvelar y hacer visibles para que también estén en la cultura y puedan un día operar en nuestra conciencia y contrarrestar los discursos dominantes de los mitos y de la literatura androcéntrica.
Uno de estos modelos y mitos dominantes es el del amor romántico, aún muy vigente en estos comienzos del siglo XXI, que en la mayoría de las veces va unido al mito de la maternidad y de la sexualidad exclusiva.

2.1 EL MITO DEL AMOR ROMÁNTICO
En la idea romántica del amor al otro ser humano se sobreestima, no se le ve en su diferencia, en su realidad cotidiana. Se le idealiza. Por eso se dice que el amor es ciego. Cuando cae el ideal la mujer puede seguir amando en lo real cotidiano, pero en el fondo de su ser espera que la otra persona se aproxime al ideal que ella se ha forjado. En la idea romántica del amor no se ve a éste como un proceso a desarrollar sino como una emoción inicial que debe perdurar “y fueron felices”.
Esta idea romántica del amor no está reñida con el ideal de mujer moderna que promueve nuestra sociedad androcéntrica y que podemos ver en la publicidad; mujer seductora, competitiva e independiente, por lo menos hasta que encuentre el amor ideal. Entonces será perfecta ama de casa, amante de sus hijos e hijas y de su esposo y, a la vez, buena trabajadora. Y es que el cambio de costumbres, altamente difundido hoy en los programas de TV, no tiene por qué relacionarse con un cambio en los modelos de relación. Se pueden tener prácticas relacionales diferentes a las tradicionales y sin embargo tener como meta, en el imaginario, un modelo de relación ideal y deseable que se contradice con los hechos. Por ello es importante desvelar el imaginario y hacer visibles otros modelos amorosos no androcéntricos.
El modelo ideal de relación amorosa ha sido construido socialmente y de ello hay que hablar en la educación de las y los adolescentes.
Los trovadores del siglo XII difundieron, a través de canciones y novelas de amor -Tristán e Isolda entre otras- la ideología del amor cortés, que se daba fuera del matrimonio. Durante siglos las parejas, vistas sobre todo como procreadoras, se formaron por acuerdos familiares o individuales, basados en la conveniencia económica, cosa que se da aún en muchos lugares del planeta. Pero a partir del siglo XIX, gracias a la ideología romántica, el amor se convierte en el eje principal que da sentido a la existencia, dando paso a continuación al matrimonio con aquel o aquella objeto de la pasión. Este sentimiento de amor romántico va acompañado, en el imaginario y en la realidad cotidiana, de futuro matrimonio o convivencia, casi siempre con descendencia incluida, junto a la fidelidad sexual, con lo que implica de posesión, celos y agresividad psicológica y/o física.
En el amor, sin embargo, la posesión, el control y los celos son actitudes y comportamientos que acabarán con él.
Todo este proceso hace que se dirijan y desarrollen fuertes sentimientos hacia quien parece ser la fuente del mayor goce y placer, el otro. Por ello cuando el otro como “único” falta, o no está presente, podemos oír frases como esta: “mi vida sin ti no tiene sentido”, frase dicha muchas más veces en boca de mujeres, frase, por otra parte, que podemos oír en las canciones más actuales y que indica el miedo a la pérdida y la angustia, ante la posibilidad o la certeza de que el otro desaparezca.
Gran parte de la identidad de las mujeres se ve implicada en este mito, al poner y proyectar la mayoría de sus ansias, necesidades de amor y proyecto de vida feliz en ese vínculo elegido.
En aras de este proyecto interiorizado “y fueron felices” se sacrifican y soportan relaciones que no son de respeto ni de igualdad, esperando que algún día lo sean. Y es que las opciones individuales están condicionadas por la existencia de los modelos sociales imperantes e interiorizados en cada individuo.

2.2 LOS MALOS TRATOS Y EL MITO DEL AMOR ROMÁNTICO
Creo que el mito del amor romántico no presta ningún favor en el caso de los malos tratos, donde la mujer espera, gracias al mito del amor romántico, que algo cambie sólo porque ella lo desea, como si de ella dependiera. En la ideología que estructura el amor romántico, existen elementos que fijan la energía del amor en el sujeto en un principio elegido, fundamentalmente en el caso de las mujeres, aunque este sujeto ya no les ame. Esto ocurre de tal manera como si esa energía no pudiera dirigirse hacia sí o hacia otro sujeto u objeto de deseo. Podemos verlo también en las historias imaginarias de algunas adolescentes:
“…Pero ya en Enero rompimos porque se puso en medio otra chica. Yo todavía sigo queriéndole, aunque él a mí no".
En el caso de los varones la energía se fija en la posesión, y ahí se queda fijada aunque desaparezca el sentimiento, de tal manera que en muchos casos no podrán soportar que la mujer haga elecciones libres y tenga otros intereses, amistades y amores fuera del hombre que la poseyó y controló en un principio.
Lo que acabo de decir es más evidente en el caso de las mujeres que soportan los malos tratos y que colaboran, con la excusa del amor, con aquello que las destruye como sujetos. ¿Por qué, nos preguntamos todas y todos, continúan muchas mujeres ahí, soportando a aquel que las destruye?
Muchas están amenazadas y soportan verdaderos infiernos por pánico, miedo o excusa de los hijos e hijas. Pero todas se han deslizado hacia el infierno, en nombre del amor, gracias al discurso dominante del amor. Como dice Victoria Sau (2000), las mujeres reciben los discursos sobre el amor que han hecho los hombres porque éstos se difunden más, porque es el modelo dominante.
Es necesario, por ello, difundir los nuevos modelos amorosos que están construyendo las mujeres, ponerlos en palabras e imágenes y hacer teoría de ello.
A lo largo de la historia de Occidente el modelo amoroso dominante ha tratado de esclavizar a las mujeres y éstas han respondido de diversas maneras; unas sojuzgándose, otras rebelándose y practicando, escribiendo y difundiendo otros modos de amar, donde la violencia no tiene cabida.
¿Qué modelo amoroso tiene el hombre que maltrata a una mujer y luego hace el amor con ella?
Todo indica que los hombres desean a las mujeres, ¿pero acaso las aman? Es frecuente en los hombres desear a mujeres a quienes no podrían considerar sus compañeras. Pueden desear sexualmente a quienes desvalorizan, pero ¿pueden amarlas? Aman si las ensalzan, como en la leyenda de Tristán e Isolda, pero ¿pueden amar en lo cotidiano como hacen las mujeres? Al confundir lo que una mujer desea con lo que desea un hombre, lo que una mujer entiende por amor y lo que entiende un hombre, las mujeres caen en una trampa mortal, confundiendo ese deseo con amor. Por eso, muchas mujeres, para tener amor, se pliegan al deseo del varón. Ese es el modelo o la estructura de base. No quiere decir que no haya excepciones o que todos los hombres sean así, pero esa es la base estructural de esta sociedad patriarcal, aunque con claras fisuras y cortes que realizamos fundamentalmente las mujeres. Y si no, veamos los modelos de amor que despliegan las cadenas de televisión, en programas de cotilleo y en películas donde los chantajes y los celos parecen inevitables o justificables. Claro que hay excepciones, luchas, empeños y deseos de que las relaciones sean más justas y amorosas, y en ello estamos, pero hacen falta acciones, no sólo ideas, que promuevan otro tipo de relaciones en el mundo del arte y en la realidad.

2.3 LA BAJADA A LOS INFIERNOS Y OTRO TIPO DE RELACIONES
Otro tipo de relaciones son las que están proponiendo las mujeres en la teoría y en la realidad.
Hablemos de ello para que sea visible.
Los nuevos modelos amorosos que proponen las mujeres no han sido dados desde la nada, ni desde ninguna esencia femenina, ni siquiera desde la naturaleza o la copia del amor materno. Las nuevas maneras de amar que proponen las mujeres están hechas desde la bajada a los propios infiernos, tal y como hace Psique en el mito de Psique y Eros, donde Psique baja a los propios infiernos y realiza una serie de trabajos antes de poder amar en libertad (Altable, 1998). De los propios infiernos se asciende con nuevos impulsos, sin ira y con un pensamiento propio, unido al cuerpo y al corazón, es decir, un pensamiento encarnado, un pensamiento que nos pertenece y que nadie puede ya arrebatarnos, un pensamiento religado, pero no desde el amor romántico. Es una manera de amar desde el saberse sujeto, sujeto que sabe, que desea y que opina desde su experiencia, unida a la experiencia de otras muchas mujeres, sin miedo ya a encontrarse con otro sujeto.
Es también un amor solidario, unido a los otros seres sufrientes, en primer lugar unido a las mujeres que han bajado a los propios infiernos y también a las que debieran bajar y no se atreven.
Este nuevo amor dirige a todos los seres vivientes una nueva mirada llena de compasión, en el sentido de con-pasión, con-padecer, compartir, participar de la pasión de los otros, pero sin abandonar el propio proyecto personal.
Difícil será que una mujer adolescente pueda bajar a los propios infiernos, aunque cada vez se baja a edades más tempranas. Por ello es importante la voz y la guía de otras mujeres más sabias,
mujeres que al bajar a sus infiernos y resurgir se han convertido en auténticas mujeres.
¿Qué cultura podrá hacer visible estas nuevas maneras de amor? Sin duda la cultura de las mujeres, si es escuchada y hecha visible. Esta nueva cultura amorosa es la que vemos en la película de
Iciar Bollaín: “Te doy mis ojos”, donde la mujer protagonista, después de haber estado en los infiernos de un amor romántico y exclusivo, logra, gracias al amor por la belleza y a la guía de otras mujeres, salir del infierno y resurgir sin ira, con compasión hacia el otro ser, pero defendiendo su deseo, que ya no coincide con el del otro, y defendiendo su nueva manera de amar, una manera que da alegría y placer y que se refleja en la cara de la protagonista. Porque el verdadero amor embellece aún en la vejez. María Zambrano (1987), citando El Banquete de Platón, dice: “El amor es hambre de engendrar en la belleza. Hambre, furia, pero de engendrar…y en la belleza”

2.4 EL CAMINO DEL AMOR
¿Cuál es el camino, entonces? ¿Acaso es necesario bajar a los propios infiernos, es decir bajar a las formas inconscientes de amar y traerlas renovadas a la conciencia? Pues sí, parece ser que sí.
Con más o menos dolor, es necesario bajar al fondo de una misma. Y también lo es para los hombres.
Ambos han de abandonar las identidades estereotipadas del amor y las de mujer y varón tradicionales, construcciones sociales que perviven aún actualmente, que vemos con frecuencia en la publicidad y en los programas y series de TV. y que, sin embargo, son procuradores de insatisfacciones,
celos, ansiedades, depresiones y otros males.
Las mujeres han de recorrer caminos de autoestima y reconocimiento en grupos de mujeres, valorándose y valorando a las otras, valorando lo que las mujeres han hecho a través de la historia, sus obras e inquietudes, su pensamiento y su lucha. Han de saber cuidarse y defenderse, conocerse a sí mismas y sospechar de las certezas que las llamadas “ciencias objetivas” han fabricado para ellas. Han de reconocer su deseo y saber defenderlo, ya que muchas veces no coincide con
el de la otra persona, y, sobre todo, han de saber vencer el peligro de la compasión, peligro que lleva a confundir la compasión con el amor, no poniendo los límites necesarios al otro y conduciendo, por tanto, a la posibilidad de que el otro avasalle mi propio espacio. Esto es lo que vemos detrás de frases como éstas: “sí, me maltrata, pero en el fondo me quiere. Luego me pide perdón y es tierno. Es como un niño. Yo sé que sin mí no podría vivir. Me necesita…etc.” Y, en efecto, así
es, las matan porque no pueden vivir sin ellas, aunque sea maltratándolas, expulsando sus males sobre ellas antes que reconocer sus propios infiernos.
Así que la mujer ha de realizar varios trabajos antes de encontrar el amor; trabajos de autonomía corporal, emocional, mental y erótica, es decir, ha de conocer su cuerpo, su deseo, sus intereses, sus capacidades y desarrollarlas. Pero también los hombres han de realizar trabajos con ellos mismos. Los hombres han de abandonar los cuidados maternales de sus madres y de todas las mujeres y saber cuidarse a sí mismos, saber alimentarse, ser autónomos en la casa y saber establecer relaciones emocionales de cuidado y autocuidado, sin expulsar o proyectar sus miedos, dolores e inseguridades sobre las otras personas y fundamentalmente sobre las mujeres. Han de conocer sus necesidades y deseos como seres humanos. Han de trabajar en común con otros hombres para poder
desobedecer al patriarcado que llevan dentro y que se manifiesta en la obediencia al líder, al jefe o al comandante, cumpliendo órdenes del superior sólo porque es superior, aunque les cueste la vida física o emocionalmente, a ellos y a otros seres. Los hombres han de aprender a escuchar a las mujeres y a los niños y niñas. Han de aprender a escucharse a sí mismos y al niño herido que llevan dentro, escuchando sus propias emociones, valorando también lo que aprendieron de la madre y valorando a las mujeres personal y socialmente, es decir, a cada una de las mujeres con las que entran en relación y a la cultura de las mujeres.
Mujeres y hombres han de aceptar sus sentimientos, saber escucharlos y expresarlos de una manera justa, sin violencia ni chantajes, aceptando los conflictos como posibilidad de crecimiento personal y colectivo. Mujeres y hombres hemos de aprender a adquirir vínculos con el grupo de iguales, con el de diferentes y con la tierra como ser vivo, respetando la naturaleza y estableciendo límites al desarrollo y a la adquisición de riquezas, porque esto también es amor.

2.5 LOS INFIERNOS COLECTIVOS
Hasta ahora he hablado de los propios infiernos, esos que se dan entre dos personas que se enamoran de imposibles, sobre todo si esas dos personas son un hombre y una mujer. Pero también existen infiernos colectivos donde las mujeres unidas ponen amor. Esto es lo que sucede en los conflictos, desastres y guerras. En las guerras existe la otra cara del amor y de la empatía, el odio, junto con el miedo “al otro”. El otro ser humano visto como enemigo a quien yo debo matar para que no me mate a mí, en nombre -dicen- de un bien superior. ¿Entonces sobre qué clase de sentimientos está montado nuestro orden social y qué sentimientos promueve? Nuestra cultura afirma que el odio es consustancial al ser humano. El mayor odio se da en las guerras y se cree que éstas son inevitables,”siempre las ha habido y siempre las habrá”, dicen. Con esta creencia se promueve el odio, mientras se deja de lado la educación emocional, la educación del cuidado y la educación para el amor. Esta creencia está en la base también de la economía internacional, que funciona con amenazas, boicots y competitividad feroz, aún a costa de la pobreza de millones de seres humanos, sobre todo mujeres y niños y niñas. Y es que la micro estructura de las relaciones individuales, sean amorosas o laborales, copian el modelo de las relaciones colectivas de la macro estructura, que son de dominio-sumisión, no de igualdad, no justas, como las relaciones hombre-mujer.
Sin embargo algo podemos hacer.

2.6 ¿QUÉ PROPONEN LAS MUJERES?
Pongamos un ejemplo reciente, la guerra de Afganistán, con todo lo que ha supuesto de dolor, sobre todo para las mujeres. En Historia de Zoya,(2002) la protagonista nos habla del valor y el amor de muchas mujeres, que han vencido el miedo permaneciendo juntas en la Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán (RAWA). Estas mujeres imparten clases clandestinas a otras mujeres y niñas y organizan comedores populares, entre otras cosas, es decir, luchan por la
democracia. La protagonista, una joven mujer de 23 años, ha visto el infierno en su país y ha decidido, junto a otras mujeres, rebelarse al poder de los talibanes, para los cuales una mujer no tiene ningún derecho y es vista como ocasión de pecado, que les aleja, a ellos, del bien.
El cambio está en la mirada. Mujeres y hombres hemos de saber ver los infiernos de la tierra con otra mirada, no ajena sino con empatía activa, viendo la relación que guardan con nuestro mundo cotidiano. Esto ha quedado bien patente en la guerra de Irak y en todas las guerras y desastres actuales. El trabajo y las relaciones que establecen las mujeres en situaciones de conflicto son inconmensurables. Sin embargo esta labor queda invisibilizada. Recordemos la labor incansable de las madres-abuelas argentinas de la Plaza de Mayo, la labor de las mujeres de Negro de Israel y Palestina, las de la Ex-Yugoslavia, las de Colombia y la de las mujeres organizadas en todas las guerras y conflictos del mundo para dar solución a los problemas cotidianos de supervivencia y defensa de los derechos humanos. Cierto que no son sólo mujeres las que participan en estos movimientos, pero fundamentalmente son mujeres al igual que son hombres fundamentalmente los que hacen las guerras. En la cultura griega, en la que estamos aún, los dos arquetipos del amor y de la guerra están polarizados en mujeres y hombres respectivamente. Hoy no están tan polarizados, pero aún persisten los dos arquetipos, aunque poco a poco intentamos cambiarlos: “Haz el amor y no la guerra” se decía en el 68.
Para que esta labor civilizadora de las mujeres no sea invisibilizada es necesario que las propias mujeres demos autoridad y depositemos confianza en las experiencias de otras mujeres. Así podremos también hacerlas nuestras y de la entera humanidad, y al darles la importancia civilizadora que tienen podrán pasar a la historia-otra historia y a la cultura-otra cultura, es decir podrán tener valor simbólico y operar en la conciencia de mujeres y hombres para que otro mundo más amoroso sea posible.

2.7 ENSEÑAR OTRAS FORMAS DE AMAR
¿Se pueden enseñar entonces otras formas de amar? ¿Se pueden aprender? Lo que puede y debe hacerse en el campo de la educación (escuela, TV, cine, publicidad, familia, etc.) es promover, impartir, debatir y aprender a practicar otro tipo de relaciones más justas y de buen trato. Relaciones justas son aquellas que implican respeto y amor hacia una misma y las otras personas; otros y otras singulares, diferentes y a la vez con los mismos derechos, deberes y necesidades que yo. Estas relaciones han de ser de armonía, y si no de armonía sí, al menos, de respeto, sabiendo expresar los conflictos desde el conocimiento propio, de las propias emociones, miedos, angustias y cóleras, sin exigir que la otra persona cumpla mis expectativas.
Desde el campo de la educación obligatoria mi propuesta es la siguiente:
1- DESVELAR EL IMAGINARIO AMOROSO. Algunos de los ejercicios que propongo son visualizaciones
del imaginario amoroso y profesional y posteriores análisis:
a) Visualizar mi mejor historia de amor.
b) Visualización del proyecto de vida
2- ANÁLISIS SOCIAL DE LAS HISTORIAS DE AMOR.
Desvelar los modelos amorosos tradicionales difundidos en TV, cine y otros medios de comunicación, como canciones, modas o vidas de personas famosas, desvelando la violencia emocional.
3- ANALIZAR OTRAS NUEVAS FORMAS DE AMOR difundidas también en el cine, en poemas, canciones o vidas de personas conocidas, viendo las diferencias entre hombres y mujeres y las nuevas maneras de amar que proponen las mujeres. Y todo ello hecho desde el arte, desde lo lúdico y desde la belleza, implicando a cuerpo, emoción y mente, para que se instale la alegría de amar en armonía.

Recordemos que aprender otras formas de amar implica aprender a defenderse de la violencia emocional y adquirir una serie de conocimientos y prácticas de relación, por lo que será necesaria una educación emocional y sexual. Algunos de los puntos o acciones positivas que propongo son:
A- Aprender a detectar la violencia a través del lenguaje, frases, juicios y maneras de razonar que implican coacción, desvalorización o violencia. Una vez detectado se pasará a proponer acciones que contrarresten la violencia como, por ejemplo, elaborar mensajes publicitarios de prevención de la violencia, compartiendo espacios de trabajo, de amistad, de amor, etc., en armonía.
B- Reforzar la autoestima en grupos de mujeres, independientemente de la mirada de los hombres y del arquetipo social femenino.
C- Reforzar los vínculos de amistad. En el caso de las mujeres reforzar el vínculo con otras mujeres.
Recordemos que los maltratadores suelen aislar a su pareja por medio de controles y críticas acerca de sus amistades y familiares.
D- Reforzar el espacio personal, desde una ocupación, unos intereses y un deseo propio.
E- Realización de proyectos de vida compartidos, en los que se comparta cotidianamente, con horarios y espacio, la vida doméstica y el cuidado de los hijos e hijas.
F- Trabajar los diversos y nuevos conceptos de masculinidad en grupos de chicos. Se necesita que los hombres trabajen estos nuevos modelos con los chicos adolescentes para que construyan su identidad de una manera más flexible, eliminando la violencia y con un total respeto hacia las mujeres.
G- Trabajar nuevas maneras de ser mujer en grupos de chicas.
H- Programas de resolución de conflictos por medios pacíficos, aprendiendo las técnicas de escucha
activa y comunicación.
I- Aprender a expresar emociones y sentimientos sin ejercer violencia sobre otras personas, sabiendo operar con las propias emociones de rabia y miedo.
J- Aprender otro tipo de erotismo, alejado de los arquetipos eróticos patriarcales, tanto para mujeres como para hombres.
Este camino hacia el amor y esta propuesta didáctica tienen enemigos, enanos seductores que salen al encuentro y se quedan pegados al cuerpo. Me estoy refiriendo al erotismo patriarcal. Si no se practica otro, porque no está en el nivel simbólico o está ocultado, ¿cómo afirmarse, también en el cuerpo y con la emoción, en otro erotismo que nos haga libres?

3. Otro erotismo para el siglo XXI
El 8 de febrero de 1984 la Organización Mundial de la Salud definió la salud sexual como la integración y desarrollo de los aspectos somáticos, afectivos, intelectuales y sociales del ser humano, valorando la comunicación y el amor, y aconsejando ocuparse más de la normalidad que de la patología.
Debemos al psicoanálisis una visión de la sexualidad independiente de la reproducción. Freud valoró la sexualidad infantil, el imaginario y las fantasías como continente del erotismo, pero privilegió la palabra y la verbalización de los afectos, en detrimento del cuerpo como dimensión perceptiva.
Una de las contribuciones más importantes en la ruptura de la visión de la sexualidad ha sido la del feminismo. En la década de 1970 las mujeres empiezan a hablar de sus experiencias sexuales, poniendo en común sus goces y sus quejas. Deconstruyen así muchos mitos, evidenciando también la construcción social de la normativa sexual y su relación con el sistema de sexo/género típica de esta sociedad patriarcal. De esta manera tratan de efectuar una separación entre una sexualidad genital y reproductora y otra más global y sensual, descargándose de la culpabilidad que conlleva la sujeción de la sexualidad de mujeres y varones a una norma genital, reproductora y heterosexual; los varones siempre erectos y potentes y las mujeres siempre abiertas y dispuestas.
Se evidencia así la relación entre deseo, experiencia consentida y autoestima. (Altable 2000).
Otra de las cosas que se evidencian en las prácticas de autoconciencia en los grupos de mujeres es el rechazo a considerarnos cuerpo enfermo, y por tanto medicalizado, durante la menstruación, el embarazo, la maternidad y la menopausia. El saber de sanadoras, que las mujeres habían adquirido a través de los siglos, fue echado por tierra por las ciencias médicas y las mujeres fueron expropiadas de sus cuerpos. Así, para saber acerca de ellas, se fiaban más del médico que de sus
cuerpos, y para saber acerca de su sexualidad se fiaron más de los expertos, en su mayoría hombres, que de las experiencias, goces y dolores de sus propios cuerpos. Pero fue necesario muy poco, o mucho según como se mire, para que las mujeres (también ellas expertas y médicas) se fiaran más de ellas que de ellos. Pero lo que hemos conseguido muchas mujeres, no está conseguido de una vez por todas para todas las mujeres si no hace cada una su propia experiencia en grupos de mujeres. Todavía hoy existen muchas mujeres jóvenes que se fían más de lo que dicen los hombres acerca de su sexualidad, sobre todo si estos hombres son su novio, su amante, su pareja. (Puedo poner el ejemplo de una mujer joven, universitaria, abogada, que se cree anormal sexualmente porque no puede llegar al orgasmo si no la acarician largamente. No se cree normal porque así lo cree su novio).

Todo esto ocurre porque el modelo erótico femenino ha sido definido respecto al del varón y su deseo. Por ello, si no hay respuesta o ajuste a la norma, la mujer puede
sentirse culpable o pensar que no es suficientemente “mujer”. Esto nos indica que, hoy por hoy, cada mujer ha de hacer su propia experiencia y reflexión en un grupo de mujeres. Quizás un día pueda reconocerse culturalmente en esta sociedad que la experiencia reflexionada en un cuerpo de mujer también es cultura y pueda pasar así al plano simbólico para que puedan heredarlo también otras mujeres.
Hace ya algunos años realicé una prueba imaginaria a adolescentes, chicas y chicos de 14 años, cuyos resultados pueden verse en mi libro: Penélope o las trampas del amor. Aunque voy a describirlo ahora muy esquemáticamente, lo que allí aparece es una evidencia de cómo se construyen en nuestro imaginario las historias de amor y erotismo. Al hacer un análisis de género podemos observar diferencias entre chicas y chicos que indican un diverso modelo erótico y amoroso. Paso a describirlo muy someramente.
La prueba consistía en lo siguiente: imaginar con los ojos cerrados y después de una relajación, la mejor historia de amor que me podría ocurrir. En el imaginario podemos ver las diferencias entre chicas y chicos.
Las chicas narran historias donde aparece un erotismo de tipo más global, detallista, ambiental, lento, menos visual y muy consciente de sus emociones, que describen con todo detalle. El erotismo descrito por los chicos es más genital, directo, acotado en el cuerpo, en determinadas zonas del cuerpo, más rápido, visual y menos consciente de sus emociones, que apenas describen. Los modelos de seducción son también muy diferentes y casi en todo coincidentes con los modelos publicitarios.
En las chicas abundan los gestos corporales, idas y venidas, exhibición del cuerpo, mostrarse y esperar, inseguridad y necesidad de comprobación. Los gestos de los chicos son más estáticos; cuerpo exhibido con objetos (un buen coche o moto), cuerpo que se muestra y se aleja, no necesitando comprobación. Las chicas en sus historias son salvadas por los chicos en asuntos mecánicos o técnicos mientras ellas son salvadoras de chicos en apuros sentimentales o incluso, ahora, económicos. Los chicos se muestran menos salvadores de lo que les hubiera gustado a ellas. En cuanto a los sentimientos expresados las chicas expresan más la tristeza, el amor y una baja autoestima, mientras que los chicos expresan más la emoción sexual, la rabia y el dominio.
Estas consideraciones que aparecen en las historias imaginarias podemos relacionarlas con lo que ocurre en la vida real. En efecto, al escuchar a las mujeres, en los grupos de mujeres y en terapia, se observa un erotismo más global, con gran sensibilidad en todo el cuerpo, una sensación de placer que se difunde por todo el cuerpo suavemente. A las mujeres les gusta ser tocadas en todo el cuerpo, ser masajeadas, besadas, rozadas suave y fuertemente. En el erotismo femenino hay una gran emocionalidad. Un ejemplo de ello es que el encuentro sexual y el sentimiento amoroso suelen ir unidos. Y esto es así porque así lo han desarrollado las mujeres en el contacto con otras mujeres, a lo largo de su proceso evolutivo, en la infancia y adolescencia sobre todo. Este tipo de contacto no tiene por qué estar unido al deseo genital o de penetración. A veces sí y a veces no.
Los hombres, mucho más frecuentemente, muestran una sexualidad más genital y menos global. Lo favorece su propia biología; ven y tocan sus genitales todos los días al orinar. También lo favorece la propia cultura. Así, poco a poco, irán priorizando el contacto genital en detrimento de sus sensaciones corporales más globales y en detrimento de sus emociones. Por ejemplo, un hombre puede tener una experiencia sexual con una mujer que le atraiga aunque apenas la conozca, distanciándose
luego del encuentro erótico, mientras que para la mujer las relaciones sexuales con desconocidos son menos frecuentes y suelen desear y querer crear lazos emocionales.
Por otra parte al observar a niñas y niños, en su relación con la madre, se ha podido ver que la madre habla más a la niña que al niño. Al niño se le impulsa más a la acción, a la relación con objetos y máquinas. A la niña se le impulsa más a la relación, la palabra y el cuidado. Esto se queda inscrito en el cuerpo. La niña será cuidadora y cómplice de la madre en este cuidado. El niño será cuidado por la madre, aprendiendo a ser cuidado por las mujeres. Este diverso aprendizaje se llevará a las relaciones amorosas. De ahí las quejas de las mujeres, que cuidan y no se sienten cuidadas.
De todo esto podemos deducir que existen dos códigos eróticos y amorosos diferentes para mujeres y hombres. Por eso es importante tenerlo en cuenta en la comunicación. Con todo esto, lo importante no son estas diferencias sino cómo partir del propio deseo, sin supeditarlo al otro sino entrando en contacto con el deseo del otro, de la otra. Este es el camino del encuentro que hay que construir a través de la experiencia. ¿Pero de qué experiencia? ¿Cómo aceptar experiencias que contradigan el modelo? El camino nos lo indican los síntomas y los malestares, que nos dicen lo que va bien y no tan bien. El camino está en el cuerpo, en las experiencias gratificantes, lúdicas, divertidas, y en las palabras y emociones que acompañan a estas experiencias. El cuerpo sensible, que siente y pone en palabras lo sentido, escuchando al propio cuerpo, con sus sensaciones, emociones y palabras, y escuchando el cuerpo de los otros y otras, mujeres y hombres, poniendo
palabras al deseo, a la carne, a la emoción, a los miedos, al dolor, al goce, es decir, partiendo de sí.
Para partir de sí es necesario colocar el EROS en sí mismo y no fuera de sí, como un dios lejano y caprichoso, cuyos designios no conocemos. Recordemos a este propósito el mito de Eros para ver si podemos lanzar otra mirada sobre él.
Eros nace del Caos. Sale de la con-fusión del caos como fuerza cohesionadora. Como tal asegura la continuidad de las especies y la cohesión interna del cosmos. Nace del huevo original engendrado por la Noche, cuyas dos mitades, al separarse forman la Tierra (amor erótico) y el Cielo (amor espiritual).
Hay una tendencia a considerar a Eros como uno de los grandes dioses.
Otra teoría considera a Eros como genio intermediario entre los dioses y los hombres. Esta teoría está expuesta en el Banquete de Platón, en boca de una sacerdotisa de Mantinea, Diótima, amiga de Sócrates. Diótima dice que Eros ha nacido de la unión de Poros (recurso o deseo) y Penía (la pobreza o necesidad), en el jardín de los dioses, al final de un gran banquete, al que habían sido invitadas todas las divinidades. Por tanto, siempre sabe buscar lo que necesita y se las ingenia para conseguirlo. No es un dios omnipotente sino una fuerza perpetuamente insatisfecha e inquieta.
Otros mitos lo consideran hijo de Hermes o Mercurio y Afrodita, y se le representa como a un niño con alas (deseo) o sin alas, que se divierte llevando el desasosiego a los corazones. Es importante recordar este mito por lo que puede aportar a nuestro erotismo, sobre todo si colocamos a Eros dentro y no fuera. Y esta mirada es fundamental, ya que si Eros está dentro de nosotras y nosotros, y Eros somos nosotras y nosotros, no hemos de buscar explicaciones a nuestro erotismo fuera de nuestro ser, lo cual quiere decir que del propio erotismo nadie sabe más que uno mismo y una misma. Como en el mito, la pregunta fundamental que debemos hacernos es “cuál es nuestra necesidad y cuál nuestro deseo” y sabremos buscarlo, porque Eros siempre se las ingenia para buscar y conseguir lo necesario. Este camino de creer en sí mismo no es fácil, porque todo en nuestro mundo parece estar fuera. En el fondo existe una gran desconfianza en el individuo y en sus recursos y sobre todo si es una individua. Por eso necesitamos un camino de reencuentro con el propio Eros, para volver a creer en nuestras posibilidades, en lo que nuestro cuerpo nos dice, en nuestras emociones y sentimientos, en nuestras preguntas que nacen de la necesidad, de la insatisfacción o del deseo. Este camino de rencuentro con el propio ser erótico es facilitado y se hace más posible en grupo, en un grupo de pares y en un grupo mixto posteriormente. Considero necesario el grupo de pares para deshacer los viejos estereotipos masculinos y femeninos acerca de la sexualidad y del erotismo, estereotipos que están en la cultura, en el grupo y por tanto es en
el grupo donde se tiene que operar el cambio. Cuando los hombres por su cuenta, trabajando en grupo, se hayan encontrado con su verdadero erotismo y las mujeres, trabajando también en grupo (como lo han hecho y lo siguen haciendo) se hayan encontrado con el suyo, podrán encontrarse unos con otras y podrá surgir algo nuevo mucho más hermoso que lo ya dado. Esta es mi propuesta y esto es lo que propongo en los grupos que realizo desde el campo de la educación y de la terapia.
Desde el campo de la educación sexual y de la terapia vemos que es urgente cambiar la comunicación erótica y amorosa de mujeres y hombres, para que haya un mayor entendimiento, mayor acercamiento erótico y mayor placer. Para ello es necesario volver al cuerpo, reencontrarse con el cuerpo olvidado a través de la respiración consciente, la relajación, el contacto, el masaje, deshaciendo los mitos, el control y el dominio que se ha ejercido sobre los cuerpos, deshaciendo también los mitos de belleza causantes de tantos malestares y complejos, despertando los sentidos; el gusto, el olfato, la vista, el oído...Encontrando el gusto de seducir conscientemente, el placer de pedir y el de dar, siendo personas activas y receptivas, en un sin fin de juegos que desarrollen nuestra sensualidad y placer.

El programa de ESCE (Educación Sentimental y Crecimiento Erótico) que desarrollo, para personas
jóvenes y adultas, junto con mi compañero Jean Lescouflair incluye los siguientes apartados:
— La respiración consciente y la autopercepción.
— La exploración de los sentidos.
— El cuerpo sensual: el tacto y la resensibilización a través del masaje lúdico.
— El código erótico actual.
— Identidad sexual: rastreo de la infancia y adolescencia.
— El espacio personal e interpersonal y los límites de tolerancia e intolerancia.
— Los ritmos eróticos personales.
— Las sensaciones y las fantasías.
— Emociones, sentimientos y su expresión.
— El papel de la imaginación en el paso de lo sexual a lo erótico.
— La vivencia del erotismo y la apertura al amor.
— Lo femenino y lo masculino.
— La voluntad y la seducción.
— Síntesis e integración.

Y el programa que propongo para adolescentes en educación sexual es el siguiente:
1- Ideas previas sobre amor y sexualidad.
2- La imagen corporal.
3- Deseo masculino, deseo femenino.
4- Desarrollo erótico: los sentidos. Cómo desarrollar nuestro erotismo y placer respetándonos y respetando a los y las demás.
5- Los roles sexuales.
6- Defensa y respeto del espacio propio. Atentados contra los derechos sentimentales y sexuales: abuso y violencia afectiva y sexual.
7- Imagen corporal, belleza y autoestima.
8- La coeducación sentimental base de otra sexualidad.
Ahora quiero que imaginéis un bello encuentro erótico. Disponed el espacio. Preparad la habitación y adornarla con las mejores luces, que iluminen la carne, los mejores adornos (telas o flores) los mejores colores, bellos manjares y bebidas, buena música y adornaros también con las mejores galas. Perfumaros y perfumad la habitación, relajaros, respirad tranquilamente, confiad en vuestra creatividad, estando siempre conscientes de vuestro deseo y de vuestras sensaciones y emociones. Permitiros de vez en cuando una pausa para tomar más conciencia de las sensaciones, respirando lenta y profundamente, abriendo todos los poros y partes del cuerpo. Mirad a vuestra pareja, relajaros y expresad todo lo que pase en vuestro interior, porque “ la verdadera dicha de amar es un éxtasis de dos cuerpos y almas unidos y entrelazados poéticamente. Una vez que el hombre ha encontrado su compañera ideal, intentará hacerle el amor de un modo extático y poético.”
“Los discípulos del Tao del amor tienen la impresión de que no hay que separar amor y sexo. El amor sin el sexo es algo frustrante y enfermizo, carente de la armonía esencial del Ying y del Yang que brinda paz y serenidad a la vida. Por otra parte, el sexo sin el amor es simplemente una función biológica que no nos lleva hacia esa mutua tranquilidad que todos necesitamos...
“¿Pero cómo debe empezar un principiante? A través del ejercicio, abriendo y aguzando todos sus sentidos y facultades: tocando, gustando, viendo, oyendo, hablando y sintiendo.” (Jolan Chang, 1984).

Todo lo que propongo se puede resumir en un programa de educación sentimental y erótica (Altable, 2000) que fomente las relaciones de amor y solidaridad, justas y de buen trato, QUE PREVENGAN LA VIOLENCIA. Y todo ello, aunque sería espacio de otra ponencia, debería ir acompañado de acciones conjuntas con las familias y en colaboración con unidades de salud mental, servicios sociales, ayuntamientos y otros organismos culturales, en un diálogo continuo con lo social.

Notas bibliográficas
Altable Vicario, Charo. (1998) Penélope o las trampas del amor. Nau Llibres. Valencia .
— Educación sentimental y erótica para adolescentes. Miño y Dávila. Madrid (2000)
Jolan Chang.(1984) El Tao del amor y del sexo. Plaza &Janés, Barcelona
Juliano, Dolores (2004) Excluidas y marginadas. Feminismos. Cátedra. Valencia.
Sanz, Josefina.((1995) Los vínculos amorosos. Kairós. Barcelona.
Sau, Victoria.(2000) Reflexiones feministas para un principio de siglo. Horas y horas la editorial. Madrid.
Zambrano, María (1987) Hacia un saber sobre el alma. Alianza Tres. Madrid.
Zoya, John Follain, Rita Cristofari. (2000) Historia de Zoya, Circe. Barcelona.

 
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